El temor no debe gobernarte
Pablo escribió estas palabras desde la prisión a Timoteo, quien enfrentaba oposición, dificultades y una enorme responsabilidad en el ministerio. Por eso, lo animó a avivar el don recibido, a no avergonzarse del evangelio y a permanecer fiel aun en medio del sufrimiento.
Este versículo no enseña que el creyente jamás sentirá miedo. Enseña que la cobardía no proviene de Dios y no debe controlar nuestras decisiones. El temor puede aparecer, pero no debe impedirnos obedecer, servir ni hablar la verdad.
Dios nos concede poder para permanecer firmes, amor para actuar pensando en Su gloria y en el bien de los demás, y dominio propio para responder con sabiduría. Nuestra valentía no nace de confiar en nosotros mismos, sino de descansar en los recursos que Dios provee.
